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≫ Caballos famosos en la Historia (II)

Continuamos haciendo un repaso por los caballos más famosos de la Historia. Si la semana pasada os contábamos las curiosidades de caballos relacionados con personajes aventureros, hoy os traemos otros más ‘modernos’, que formaron binomio con libertadores y revolucionarios. En De Raza queremos que tu caballo llegue a su máximo esplendor. Por ello ofrecemos todo tipo de ropa de equitación: botas de montar a caballo, sillas, embocaduras... ¡y mucho más!

Palomo, caballo de Simón Bolívar

Era el nombre del caballo de Simón Bolívar, liberador de Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y fundador de Bolivia. Era un caballo blanco, que le fue obsequiado por el congreso de la gran Colombia, de gran estatura, con una cola que le caía casi hasta el suelo y lo acompañó en su gesta libertadora en Sudamérica. Murió en la hacienda Mulaló, dentro de lo que hoy es el municipio de Yumbo, en el Valle del Cauca. Fué enterrado al lado de la capilla, junto a una frondosa y antigua ceiba. Las herraduras del animal y diversos elementos que pertenecían a Simón Bolívar se exhiben actualmente como testimonio en el Museo de Mulaló.

Siete Leguas, caballo de Pancho Villa

José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido por su seudónimo Pancho Villa, procedía de familia muy humilde. Tras padecer un sinfín de injusticias, se convirtió en forajido y llego a ser uno de los jefes de la revolución mexicana, cuya actuación militar fué decisiva para la derrota del régimen del entonces presidente Victoriano Huerta. Originario del estado de Durango (se desconoce si era de Río Grande o de San Juan del Río), nació el 5 de junio de 1878 y murió asesinado en una emboscada en Hidalgo del Parral (Chihuahua) el 20 de julio de 1923. Durante la revolución fue conocido como ‘El Centauro del Norte’. Siempre acompañado por su fiel compañero, su caballo llamado Siete Leguas (O Granos de Oro), junto al que luchó en varias batallas, pero que también le ayudó en su huída por el desierto cuando el entonces joven oficial de Estados Unidos George Patton, salió en su búsqueda para atraparlo como castigo por haber entrado en territorio Norteamericano.

Después de muchos meses, Patton abandonó la persecución cuando entendió que Villa era imposible de atrapar en un lugar que conocía como la palma de su mano.

As de Oros, caballo de Emiliano Zapata

Emiliano Zapata Salazar (San Miguel Anenecuilco, Morelos, 8 de agosto de 1879 — Chinameca, Morelos, 10 de abril de 1919) fue uno de los líderes militares más importantes durante la revolución mexicana, y comandó un importante ejército, el Ejército Libertador del Sur. Conocido como el Caudillo del Sur, era hijo de Gabriel Zapata y Cleofás Salazar, y nació en una familia campesina.

La buena relación que Zapata tenía con su caballo inspiró muchas canciones y rancheras, y según la leyenda el inteligente corcel le salvo la vida varias veces.

Huaso

Es el nombre del caballo de Alberto Larraguibel, con quien rompió el récord de salto alto de equitación el 5 de febrero de 1949 en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar, al batir los 2,47 metros de altura quebrando el récord anterior de 2,44 metros, en manos del jinete italiano Antonio Gutiérrez, en “Ossopo”. Nació en 1933 y medía 1,68 metros, antes de llamaba “Faithfu” pero luego fue rebautizado como “Huaso”. En 1949, al momento de la hazaña tenía 16 años. Después de batir el Récord Mundial de Salto Alto, Huaso pasó a un merecido descanso en la Escuela de Caballería, donde tenía el derecho de pasearse por los prados y jardines sin que nadie lo montara hasta el día de su muerte, el 24 de agosto de 1961, con 29 años. Actualmente sus restos descansan en la Escuela de Caballería Blindada de Quillota.

Los caballos de Hernán Cortes

Arriero y Molinero fueron quizás los más famosos pero no los únicos, pues cuando Cortés hace su segunda entrada en Tenochtitlán (agosto de 1521), lo hace a lomos de un caballo "muy bueno", castaño oscuro, que le llaman Romo. Y quizás más famoso aún fue el de la marcha a las Hibueras, aquel que ocasionó la curiosa historia con los indígenas. "Resulta que al transitar cerca del lago de Petén -escribe Morales Padrón- se le hirió en un remo y, como Cortés pensaba retornar por el mismo sitio, lo dejó al cuidado del cacique de Tayasal, pueblo situado en una isla del lago, donde hoy está la población guatemalteca de Flores. Sucedió que Cortés regresó a México por mar y su caballo quedó entre los indios hasta que murió. Pasados muchos años llegaron a Petén dos franciscanos, y cuál no sería su asombro al ver que los indios adoraban a un caballo de piedra bajo el nombre de Tziunchán o dios del trueno y el rayo. Puestos a indagar, supieron que al morírseles el caballo de Cortés, hicieron una réplica de piedra para conjurar la cólera de los dioses. El fanatismo por la imagen era tal, que los franciscanos tuvieron que huir después de destrozarla."

El caballo de Carlos V

Carlos V tuvo muchos caballos pero quizás el más famoso es el caballo con el que fue retratado por Tiziano, después de haber ganado la batalla de Mühlberg. En aquella batalla se produjeron dos milagros: el descubrimiento del vado en el Elba que permitió el paso de las tropas imperiales sin que lo supieran los luteranos y, por tanto, la victoria, y el hecho mismo de que el emperador se sostuviese sobre Determinado en pleno ataque de gota. Afortunadamente, y para que quedase constancia de ello, "allí" estaban Tiziano y sus pinceles de oro y grana.

Los caballos de Napoleón

Si bien sus cualidades militares lo convirtieron en el más grande comandante de la historia, Napoleón Bonaparte nunca destacó como un buen jinete, y la mayoría de los historiadores están de acuerdo en que fué un jinete mediocre y lo comprueba el hecho de que prefería los caballos tordos, que son los de temperamento más dócil, y que nunca montó un caballo mal domado. Su constitución física (escasa estatura, piernas cortas, torso prominente), no le favorecía demasiado para destacar en el arte de la equitación. Constant, su ayudante de cámara, cuenta en sus memorias que todos los ejemplares destinados para él  eran adiestrados para recibir toda clase de molestias sin moverse, para lo que se les daban latigazos en la cabeza, se tiraban cohetes y disparos junto a sus orejas, para que no se asustasen en la refriega de la de la batalla, y se hacían pasar por entre sus patas cerdos y ovejas. Las caídas del emperador fueron frecuentes y muchas de ellas están documentadas.

Por tanto se está lejos de la imagen idealizada, como la que le muestra sobre una fogosa montura galopando por los hielos del San Bernardo. Sin embargo, Bonaparte compensaba sus carencias como jinete, con una energía y una resistencia que le hacían objeto de admiración incluso entre sus veteranos cazadores a caballo.

Napoleón gustaba de dar a sus caballos nombres mágicos o mitológicos, -como Cyrus, Tauris, Nerón, Tamerlán, Epicurien y Cerbére- otros llevaron nombres de lugares geográficos o de batallas victoriosas. Así, Cyrus fue rebautizado Austerlitz y también tuvo un Jaffa, un Friedland, un Wagram, un Montevideo y un Córdoba. Otros llevaron el nombre de su región de origen, como Cantal, Calvados, Girsors, Kurde, El Cir, Alí, Styne, Emir, Sheik y Gonzalve. En cambio, otras monturas recibieron nombres más imaginativos como Roitelet, Intendant, Ingenu, Coquet, Numide y Embelli. Sus caballos preferidos eran los árabes, que trajo de Egipto, los españoles (quince de ellos regalo de Carlos VI, en agosto de 1800), los rusos (ofrecidos por Alejandro), los bávaros (bestias enormes que le hacían parecer demasiado pequeño), los sirios, los americanos de la Plata y los turcos.

Marengo

Era un caballo tordillo de raza árabe con 1.45 metros de alzada (que recibió su nombre después de la victoria monumental obtenida en la batalla de Marengo, Italia, el 14 de julio de 1800). Fué importado de Egipto a Francia en el año 1799, a la edad de seis años.  

Marengo era descrito como un caballo fuerte, valiente y de gran resistencia física y mental (por eso fué que se convirtió en el preferido de Napoleón, de entre los 120 de los que se componía su cuadra), pues como botón de muestra se tiene el siguiente suceso de su campaña en España: viéndose obligado a interrumpir la persecución de Moore para dirigirse a Francia, ante la creciente amenaza de Austria, Napoleón se lanzó a una épica cabalgada a lomos de Marengo desde Valladolid hasta Burgos: 120 kilómetros en tres horas y media, por caminos infestados de guerrilleros. Llegó prácticamente sólo, sin volver la cabeza, dejando atrás a sus cazadores de escolta, generales y mariscales.

Marengo acompañó al Comandante durante las batallas de Austerlitz (1805), Jena-Auerstedt (1806), Wagram (1809), y la célebre batalla de Waterloo (1815). Fue herido en ocho ocasiones y hasta sobrevivió la recordada retirada de Moscú, en 1812, batalla donde, como anécdota, se cuenta que el tordillo se asustó ante una liebre en aquel terrible invierno ruso, y terminó tirando de la montura al emperador francés. Aquello fue tomado como una premonición de la futura derrota.

Finalmente, sus días junto a Napoleón acabaron tras la batalla de Waterloo. Allí, el famoso tordillo fue capturado por el ejército inglés, y Lord Petre lo llevó a Inglaterra, donde el General Angerstein (de la Guardia de Granaderos) lo compró. Con 27 años, Marengo fué dispuesto como padrillo del Haras New Barnes en donde prestaría servicios sin destacar mucho.

A los 38 años, una edad realmente avanzada para un caballo, Marengo murió. Su esqueleto aún se exhibe en el Museo Nacional de la Armada de Sandhurst, aunque versiones modernas han puesto en discusión que se trate del Marengo real.

Esperamos que os haya gustado este repaso a los caballos que han formado parte de la historia y os recordamos que estamos a tu disposición en nuestra tienda de Collado Villalba (Madrid), en Facebook y en el email:deraza@tiendahipicaderaza.es 

¡De Raza galopa contigo!

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